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Thomas Flohr, el mago suizo que ha revolucionado la aviación privada

En quince años este empresario pasó de tener un jet privado a una flota de 130 aparatos. Todo empezó cuando dejaba su nave a sus amigos y estos le decían: “Me gusta tu avión”

Thomas Flohr pasó de volar con un jet propio en 2003 a ser el propietario de un grupo de aviación privada con 130 aparatos en 15 años. En el tiempo transcurrido desde entonces le ha dado una interesante vuelta de tuerca a un sector tan atractivo como poco conocido y sobre todo discreto, que en su caso prácticamente no se ha visto afectado por el Covid ¿Cómo se consigue una algo así y dónde está la clave del cambio? Hemos hablado con él para descubrirlo.

 

“Lo cierto es que mi inicio en el mundo de la aviación no fue el mejor: quise hacerme piloto de Lufthansa y al final no me admitieron. En realidad, esa decepción me dio suerte y la vida me llevó por otro camino”, comenta riendo por teléfono a Magazine Lifestyle. ‘

“Recuerdo que, en Alemania, una de las personas que me entrevistaron para Lufthansa me dijo que, por mi personalidad, más que aviador tenía que estar al otro lado: gestionando y dirigiendo. La vida da muchas vueltas y no sabes si lo que te dicen va a pasar, aunque finalmente sucedió así y aquí estamos con Vistajet”, apunta.

Flohr se apartó del mundo de los aviones unos años para entrar en el de las finanzas e informática con Comdisco, empresa de la que llegó a ser presidente. Para sus viajes era cliente de diferentes operadores de jets privados y finalmente decidió adquirir uno para su uso personal: un Bombardier Learjet. En ese momento arrancó todo.

En 2004 fundó Vistajet con dos Learjet gemelos: ambos eran de color gris, con una línea roja recorriendo el fuselaje e identico interior. La homogeneización de un servicio de lujo fue para su fundador una de las claves del éxito, pues considera que para ofrecer vuelos a la medida se ha de partir de una base fija y con esa fórmula, en diez años Vistajet pasó de tener dos aviones a 70, siempre de la casa Bombardier, que fue la que compró la marca Learjet y creó una línea propia de aviones ejecutivos.

 

Flohr cree que el éxito de un negocio como el de la aviación a la carta está en muchos factores, aunque sabe que una de las claves ha sido modernizar un producto que, irónicamente, estaba anticuado. “En las operadoras existentes no existía una unificación de marca ni de producto: una persona alquilaba un avión y en la mayor parte de casos no sabía lo que se iba a encontrar, ni en edad del avión, ni en características, configuración del interior o tipo de servicio ofrecido. A un cliente que paga mucho dinero por esto no puedes darle indefinición: has de darle un producto concreto, consistente y atractivo, pues nos movemos al más alto nivel. Esto lo tuve claro desde el principio”, señala con entusiasmo.

Vuelos perfectos y a la medida

Al margen de tener una flota homogénea, en la que la única diferencia evidente es la longitud del fuselaje, Flohr confió en su única hija Nina como directora creativa. Esta consiguió algo muy apreciado por los clientes de la compañía: sentirse en su casa fuera de su casa. Así, a partir de un confort garantizado, el resto va a la carta: en la cabina de mando aviadores y aviadoras de larga experiencia con gran don de gentes, mientras que en el área de pasaje auxiliares de vuelo que se forman, sin excepción en el British Butler Institute, el Norland College y el Wine & Spirit Education Trust

Tres instituciones que forman profesionales que en el caso de esta compañía de aviación trabajan exclusivamente para clientes muy especiales en circunstancias especiales: presidentes de grandes corporaciones, jefes de estado, viajeros de bolsillo desahogado y cualquier persona para la que volar en avión privado es parte de su día a día.

La mano derecha de Flohr en esta empresa es el australiano Ian Moore, su director comercial mundial. Con una experiencia de más de 20 años en este sector tan especifico, lleva una década desarrollando el negocio de Vistajet y se tranquiliza al saber que no va a ser interrogado por sus clientes, aunque obviamente tampoco lo iba a revelar, pues la discreción es sagrada en este sector. “Creo que lo que hemos conseguido es algo tan simple como convertirnos en la mejor compañía del mundo en lo nuestro: el cliente sabe lo que somos, lo que se va a encontrar y es consciente que todo va a salir perfecto porque tenemos un tamaño, una red y una experiencia en la que todo está ajustado al milímetro”, reconoce.

El cliente sabe lo que somos y que todo va a salir perfecto porque tenemos una red y experiencia en la que todo está ajustado al milímetro”

Ian MooreDirector comercial mundial de Vistajet

Al ser un mercado y un servicio tan especifico pedimos al director comercial que compare su marca a algo que puede ser más conocido, como una cadena hotelera. Moore duda durante unos segundos al otro lado del teléfono (en este caso está hablando desde Nueva york) e indica: “quizá a lo que más se parece Vistajet en hoteles, o viceversa es a The Peninsula: un grupo de hoteles que están en una decena de ciudades de todo el mundo con unos estándares tan altos de calidad que el huésped sabe que nunca saldrá defraudado… y si hay una sorpresa, se resuelve rápido y con profesionalidad. Así somos nosotros”, indica.

El hecho de dirigir una compañía global hace que también exista un conocimiento hasta psicológico del perfil de los viajeros-clientes. En esto, Moore aclara que no es lo mismo un viajero de Barcelona que uno de Washington, de París, Bombay o de Shangai. “No hay unos rasgos extremadamente marcados, puesto que nuestros clientes son gente cosmopolita, aunque si vemos que los viajeros europeos son más relajados y disfrutan de la experiencia, los estadounidenses quieren el servicio instantáneo en todo, los asiáticos son muy organizados y tienen muy claro que es lo que quieren y los indios son extremadamente exigentes con el servicio a bordo. Tenemos en cuenta todo eso… y estamos a la altura”. De hecho, la compañía ya ha volado al 96% de territorios del mundo y únicamente le queda el 4% al que aún no han podido llegar por restricciones técnicas o razones puramente operativas.

El Global 7500: la nueva joya de la corona

Poder ir prácticamente a cualquier lugar del mundo sin escalas y a todo confort. Así se podría resumir lo que implica la incorporación del modelo más alto de la gama de Bombardier a Vistajet desde finales del año pasado: el Global 7500, un avión capaz de volar a más de 14.000 kilómetros de distancia con hasta 19 personas en una cabina tan amplia que puede dividirse en cuatro espacios totalmente definidos, incluyendo una habitación-suite con cama doble, salón-comedor, área de butacas tipo nuage, que son la absoluta perfección en ergonomía y confort, además de una cocina-galley y un área de descanso para una tripulación que cruza el mundo llevando con tranquilidad a sus pasajeros y necesita estar en el mejor de las formas. Todo ello a 982 kilómetros por hora y con niveles de ruido reducidos al mínimo.

Volar en el año de la Covid

“Obviamente la pandemia afectó inicialmente a nuestra compañía, aunque en ningún momento hemos dejado de volar y todos nuestros empleados siguen en sus puestos de trabajo. Nos movemos en unos parámetros y ofrecemos un tipo de servicio que no ha parado: hemos realizado muchísimos vuelos de repatriación, vuelos humanitarios en los que nos hemos puesto a disposición de ONGs o servicios sanitarios de muchos países y gracias a nuestros aviones que van de punto a punto del mundo, hemos participado en que el mundo no se haya parado en ningún momento”, indica Thomas Flohr, que ve una inminente aceleración del negocio.

Hemos realizado muchísimos vuelos de repatriación y humanitarios en los que nos hemos puesto a disposición de oenegés de muchos países”

Thomas FlohrPresidente de Vistajet

Al margen del mundo de los aviones, a este empresario suizo que está en el aire unas 800 horas al año, le apasiona el mundo del motor. Además de ser patrocinador de la Scuderia Ferrari de Fórmula 1, él mismo también es piloto de automovilismo en el campeonato mundial de resistencia de la FIA con el equipo AF Corse, teniendo como compañeros de volante a Francesco Castellacci y al antiguo piloto de F1 Giancarlo Fisichella.

Aunque para una persona cuya vida está basada en recorrer el mundo de continuo resultaría difícil definir un lugar favorito, Flohr tiene claras dos debilidades: “Las islas griegas son un tesoro. A ver: las más típicas siguen teniendo mucho encanto… ¡pero es que en Grecia hay más de 2000 islas de verdad y unas 200 habitadas. Son una maravilla y cada vez que puedo estoy allí”, indica. Su segunda debilidad geográfica y viajera es Mozambique y más concretamente la isla de Benguerra, a unos 14 kilómetros de la costa de esa antigua colonia portuguesa. “Es un sitio muy especial”.

Con 60 años recién cumplidos, con muchos proyectos en mente, ganas de seguir haciendo el mundo pequeño con sus jets y de hacer que sus clientes vuelen como a el le gusta volar, a la carta y con un servicio perfecto, Thomas Flohr se despide con dos pinceladas más que denotan que además de un empresario de peso es un gran relaciones públicas: “iré pronto a entrenar al circuito de Barcelona. Es uno de los mejores trazados del mundo: exigente y muy bien situado. No es porque usted sea de allí: es un hecho objetivo”, indica, mientras que, por otro lado, con una energía contagiosa asegura: “Tras este año la gente va a ser más selecta en sus viajes y va a buscar la calidad por encima de la cantidad en todos los aspectos y eso, obviamente, nos va a ir muy bien, porque estamos preparados para ello desde que nacimos”, concluye el suizo que ha cambiado la aviación privada.

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